Empezaré con algo que escribí hace algún tiempo y hoy modifiqué un poco para fines de publicación...
Y mientras mi corazón tenga el control, seguiré soñando que tú me despiertas, y que tu mirada, tan profunda como el mar, me desarma, me desnuda, y es ahí cuando me siento tan lejos de mi misma, tan ajena a mi parte racional pero tan cerca de ti, de tu alma. En ese momento mis latidos son tan fuertes, que no me permiten escuchar lo que pronuncian tus labios, esos labios que son capaces de hacer que se descontrolen todos mis sentidos. Y entonces, te intento abrazar y como si estuvieras hecho de niebla te esfumas, mis brazos traspasan tu reflejo y caigo sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos…
Y entonces despierto, mientras mis lágrimas caen por el rabillo del ojo y mojan mis cabellos. Y pasan algunos minutos antes de que pueda moverme y pensar en otra cosa que no sea mi falta de fuerzas ante mi situación, mi falta de decisión. No dejo de pensar en lo débil que soy…
Y entonces pasa el día, y me voy sintiendo más fuerte, más capaz, vuelvo a sonreír y a sentirme optimista. Nada puede estar mejor…
Y cae la noche, y recuerdo mi sueño, y pienso que quizás hoy va a parar. Cierro mis ojos con una sonrisa, duermo, vuelvo a soñar y vuelvo a despertar totalmente frustrada…
jueves, 11 de junio de 2009
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